"¿QUIÉN SOY?"
Soy Carlos de Dios Murias, fraile franciscano conventual y sacerdote. Nací el 10 de octubre de 1945 en San Carlos Minas, un pueblo cordobés abrazado por las sierras. Crecí en una familia de convicciones fuertes; mi padre era un reconocido abogado y político de la zona, y de él aprendí el valor de la vocación pública y el compromiso con los demás.
Durante mi juventud busqué mi camino en el Liceo Militar General Paz. Allí me gradué como subteniente de reserva, pero mientras me preparaba en la disciplina y las leyes, escuché un llamado más profundo: consagrar mi vida entera al Señor al estilo de San Francisco de Asís.
En 1965 ingresé al seminario de la Orden de los Frailes Menores Conventuales. El Evangelio de Jesús y la sencillez franciscana transformaron mi mirada sobre el mundo. Fui ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1972 por imposición de manos de Monseñor Enrique Angelelli, obispo de La Rioja, quien se convirtió en un verdadero padre espiritual y guía en mi ministerio.
Mi misión cobró sentido pleno en las tierras riojanas de El Chamical. Junto a mi hermano de comunidad, el sacerdote francés Gabriel Longueville, nos entregamos al acompañamiento pastoral de las familias campesinas y los trabajadores del campo. Descubrí que evangelizar no era solo predicar con palabras, sino estar presente en los sufrimientos, las esperanzas y las luchas cotidianas de los más postergados.
Consciente de los peligros de la época y de las amenazas que rodeaban nuestra labor, nunca busqué la confrontación, pero tampoco acepté callar la Verdad. Como dije en una de mis últimas homilías:
"Podrán callar la voz de este sacerdote,
podrán callar la voz del obispo,
pero nunca podrán callar la voz del Evangelio".
El 18 de julio de 1976 entregué la vida por fidelidad a Dios y a su pueblo. El 27 de abril de 2019, la Iglesia, por intermedio del Papa Francisco, me reconoció como Beato Mártir junto a Monseñor Angelelli, Gabriel Longueville y el laico Wenceslao Pedernera. Hoy, desde la eternidad, sigo caminando con el pueblo de Dios como intercesor de la fe, la justicia y la paz.
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